La ‘Sombra’

SUSANA LÓPEZ-URRUTIA

De cuando en cuando, un titular saca a mi abuela de la parsimonia informativa de la que últimamente presume (“total, para lo que me queda en este mundo”, dice ella a menudo). Normalmente, ese ‘machacón’ titular que la revuelve lleva entre sus líneas la mención a uno que ya no está (al menos no de cuerpo presente) entre los nuestros: el ‘generalísimo’ Francisco Franco. Los huesos del Dictador descansan en silencio (si en paz o no, no lo sabemos) en el Valle de los Caídos. Los que caminamos  por encima de ellos, sin embargo, estamos lejos de respirar tranquilos. Incluso muerto, el recuerdo del generalísimo nos respira en la nuca. Las últimas noticias respecto al dictador han azuzado el debate: ¿Deberíamos trasladar sus vestigios del valle que se construyó con el sudor, lágrimas –y la vida- de muchos inocentes? ¿Es justo que el asesino esté enterrado -ostentosa y jubilosamente- con los reos del bando contrario?

La petición de mi abuela –y la de muchos otros- sería “dejar en paz a los muertos”. El pasado se lo lleva el viento y, quienes lo vivieron, vuelan con sus antagonistas a otros lugares –ignoro a cuáles- para pervivir sólo –y malamente- en los libros de Historia. Quienes los agarran poco o nada dan por aquellos tiempos, que jamás han vivido. Poseedores del lógico egoísmo de los que están vivos y son protagonistas, van a lo suyo.

Así pues, atendiendo a la fría lógica, rascar en la herida resulta poco práctico. En cierto sentido, diría que es incluso una forma de masoquismo. Cada vez que desenterramos a los fantasmas traemos a un presente en el que ya tenemos bastantes problemas un pasado que nos divide y nos hace daño. Pero la cuestión es: ¿y si necesitamos enfrentar el daño para avanzar como sociedad y pasar definitivamente la página?

Hace años (en realidad, no tantos) mis amigas y yo solíamos acusar a quienes se habían quedado prendadas de algún ‘ex’ de ser víctimas de lo que llamábamos ‘la sombra’. Aunque intentábamos dar al asunto toda la sorna de la que éramos capaces, sabíamos bien que padecer a ‘la sombra’ no era ningún chiste, porque implicaba la incapacidad de avanzar. La desdichada que era poseída por aquél espectro indeseable revivía la misma vieja historia en cada nueva relación. Se dividía en dos: el cuerpo, en el presente; la mente, en el pasado. Se veía acosada por preguntas incontestables: “¿Quién?”, “cómo? Y fundamentalmente: “¿Por qué?” Ciertas noches, repasaba mentalmente la historia y alteraba los hechos, tratando adivinar un final distinto: “¿Y sí hubiera…?” “¿Entonces hoy habríamos…?

Para aquel ‘mal’ tan extendido, el antídoto variaba en función de la amiga a la que se preguntase. Las más pragmáticas te incitaban a ser fuerte y seguir adelante, con tu pesado saco de preguntas sin respuesta y tu inconclusa historia encima. Una de ellas solía decirme: “¿Cambiaría algo si supieras lo que pasó?” -Yo sabía que no, y sin embargo, me dejaba arrastrar por mi masoquista necesidad de “entender” qué había sucedido- Sin embargo, otra, –una de mis favoritas- siempre me susurraba: “Cierra la historia”. 

¿Hasta qué punto las historias de desamor y nuestra historia como nación son diferentes? Siempre he creído que nuestras anécdotas individuales nos caracterizan como grupo. Volver atrás o tirar para adelante sin girar la cabeza son dos formas loables de afrontar el presente. Pero como genuinos miembros de la especie humana, la mayoría de las personas necesitamos construir un discurso que nos ayude a vivir en paz con nuestro pasado y que de sentido a ‘lo que pasó’.

Regresar a las viejas páginas del libro resulta doloroso. Los fantasmas reviven, y con ellos, los enfrentamientos y las divisiones que provocaron. Abrir esa caja de Pandora es un reto para un sólo individuo, y lo es por triplicado para una nación, porque implica ponerse de acuerdo sobre lo que ocurrió. Sólo hay que coger el dramático ejemplo del País Vasco. El ‘fin’ de ETA implica allí la construcción de un discurso que hoy por hoy parece dar ‘sentido’ a los años de ‘lucha’ que se llevaron por delante las vidas de muchos inocentes. Los abertzales no piden perdón a las víctimas y no condenan la violencia pasada porque no pueden hacerlo: significaría anular ese discurso justificativo. Los más pragmáticos se dan con un canto en los dientes y se agarran a aquello de ‘el fin justifica los medios’: “Total, si ETA ya no mata, ¿todos tranquilos, no?” Pero la sociedad vasca no dejará de estar dividida hasta que víctimas y verdugos no vuelvan la vista atrás y encuentren una historia que unifique ambas sensibilidades.

¿Deberíamos abrir la caja de Pandora y rescatar el debate de la guerra, Franco y la España dividida? No tengo la respuesta. Creo que debemos hablar de ello, sí, porque nos guste o no pasó y enfrentar el pasado es la única forma de vivir el presente libremente y en paz. Abrazando el argumento (aparentemente) contrario, también creo que tenemos que seguir adelante y centrarnos en vivir aquí y ahora esta época de la que somos protagonistas.

Quizás ambas posturas son menos antagónicas de lo que aparentan. Puede que ahora los españoles estemos huyendo hacia adelante, sí, pero tal vez sólo seguimos la lógica natural de los acontecimientos. En el contexto renovado de un futuro seguro no muy lejano podremos mirar atrás con la cabeza fría y poner en orden el pasado con el corazón dormido y la mente despierta.

Como en cualquier historia de amor mundana.

Comments
4 Responses to “La ‘Sombra’”
  1. Me gusta el paralelismo entre los dos bandos nacionales y una historia de desamor, pero creo que hay que analizar la sociedad como un todo, y no como dos partes de un todo.

    Como uno de los amantes que busca las respuestas al por qué sucedió, sin preocuparse de quién fué la culpa en aras de la justicia. Conociendo sus errores para poder perdonarse sin atormentarse de por vida.

    ¿Donde es más justo que reposen los huesos de Franco? ¿En el Escorial, en el cementerio de la Almudena, en la fincs de su pueblo? ¿Quién lo decide, la derecha, la izquierda, el gobiernp de turno de la UE, la familia, el juez de guardia de izquierdss o de derechas?

    Todo esta muy polarizado, muy politizado. Y cualquier decision dejará a los otros descontentos.

    Pero verdaderamente pienso, ¿Real,ente estamos estancados en estos menesteres y no avanzamos como sociedad? ¿Es posible contestar a las preguntas sin resolver desde un contesto histórico-social completamente diferente? ¿Es necesario contestar a esas preguntas para poder avanzar? ¿Serán nuestros valores de justicia los mismos dentro de doscientos años? ¿Ne esitamos dar sentido a la sinrazón? ¿Tiene la sinrazón sentido?

    Demasiadas preguntas afloran en la búsqueda de una respuesta. Y los responsables del aliento de Franco en nuestra nuca, son los que les interesa hacer política con sus huesos”, tanto los de izquierda como los de derecha. Arma política para definir al electorado. Y los últimos responsables, nosotros, que se nos llena la boca de huesos. Franco ha muerto, y aue se siga hablando en política de él, sólo delata la calidad de nuestros funcionarios.

    (siento las faltas, con esta tableta me dí cuenta que al final no podía corregirlas a p ser que eliminase lo escrito).

    Felicidades por el artículo.

    @diezansotegui

  2. Álvaro dice:

    Estoy totalmente de acuerdo, con el último comentario.
    Creo y pienso, que en la situación en la que esta España actualmente, estos desencadenantes que buscan un problema donde no lo hay, han de ser un poco mas responsables con su Nación y preocuparse de temas mas serios que nos afloran en estos momentos. Ahora no es tiempo de ponernos a desenterrar muertos por las ideas de unos y otros, porque al fin y al cabo, como bien se dice en el último comentario, nunca se va a llegar a un acuerdo, y por consiguiente cualquier decisión dejara a muchos descontentos.
    De modo que mejor dejar a Franco donde esta, solucionar los auténticos problemas del momento y centrarse en lo que tienen que centrarse estos queridos políticos.

    Increíble tu artículo
    @AlvaroLuisRV

  3. Amigo, gracias por tu comentario. Me has dado un poco de claridad. Quizás, después de todo, la sociedad española sólo sigue en este tema las fases lógicas a través de las que se digiere cualquier tipo de dolor o pena. Primero, se ignora y se hace como si nada hubiera pasado. Después, se opta por olvidar y seguir adelante. Sólo muchos años después, cuando el tiempo ha puesto a cada uno en su lugar y las circunstancias son diferentes (en frío, como se suele decir) se puede mirar atrás y analizar las cosas desde una perspectiva más lógica. Exactamente igual que en las relaciones. ¿Curioso, no?

    • 🙂

      La verdad q sí es curioso tanto n cuanto la sociedad se comporta como un individuo o al estar dividida como dos.

      Opino que a la muerte de Franco sólo había una salida coherente en el contexto europeo y era la democracia. Supongo que era muy arriesgado volver a optar por la continuidad de la dictadura. Se olvidó, o no se hablaba del tema porque era mejor ni tocarlo, y con grandes esfuerzos agarraras a la palabra democracia. Si en aquellos momentos de estar la herida abierta hubo grandes esfuerzos por llegar a un consenso, a acercar posturas, no entiendo que sean los hijos y nietos los que abran las heridas… Porque si está capacitada la sociedad para afrontar el problema y discutirlo lo considero sano… Pero aún no comprendo cómo los descendientes de los protagonistas siguen alimentando los estereotipos n relación a rojos y fachas por ejemplo. Me resulta llamativo escuchar palabras de otros tiempos en personas que ni siquiera les tocado directamente, igual que cuando paso por la universidad se siguen leyendo pintadas con las palabras usadas en el XVII o XIX… Lucha, pueblo, combate, etc etc.. Quizás estemos faltos de verdaderos líderes y seguimos reproduciendo las viejas ideas de aquellos tiempos.

      Es curioso cómo se transmiten de generación en generación esos estereotipos, ese odio.. Alimentado principalmente por políticos y medios..

      Lo considero un problema de este país. Una falta de responsabilidad, reflexión.. El continuo revanchismo.

      Quizás este instalado en la naturaleza pasionaria del español.. No lo sé.

      Mirar para atrás en mis relaciones y buscar culpabilidades creo q hoy ya no tiene sentido, siendo esencialmente otra perdona cada uno de los dos. O intentar colocar las cosas en su sitio… Sinceramente no me veo con la legitimidad moral, ni natural.. Para juzgar hechos pasados.

      Han pasado casi 40 años desde su muerte, y nosotros somos hijos de la democracia.. ¿Realmente es necesario mirar continuamente para atrás?

      Creo que sólo para aprender de los errores… Y opino que basta con una sola vez.

      Es interesante este debate, y creo que sería más interesante debatir sobre cómo enterrar el pasado para empezar a construir el futuro. ¿Cuántos años han de pasar para dejar de echarnos los muertos encima?

      Un saludo.

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