La generación de la ‘alfombra roja’ toca tierra

Texto: Susana López-Urrutia

(…) Nos han quitado la alfombra roja, y no sabemos por dónde seguir caminando. Encadenamos una carrera tras otra, estudiamos un máster, nos vamos al extranjero a “aprender inglés” y clamamos al cielo porque todo eso no nos sirve para nada. (…)

SUSANA LÓPEZ-URRUTIA

En cierta ocasión, un compañero del gremio me dijo algo que se me viene ahora a la mente: me llamó “burguesita”. El apelativo venía a cuento porque, por aquél entonces, yo iba a la caza de unas prácticas en prensa y él me había propuesto participar en un proyecto que a mí se me había antojado pecata minuta: mis aspiraciones eran más grandes. Cabezota redomada como era -soy…- estaba decidida a disparar directamente al centro de la diana e ir a por el premio gordo, sin paradas por el camino y, a ser posible, sin que se me cayeran los anillos. Aquellos meses, hice mío el lema que hoy repite el candidato Rubalcaba con el puño cerrado: “Pelea por lo que quieres”.

La epopeya me salió bien. Hasta cierto punto. Di un triple salto mortal y me colé entre los grandes de la profesión. Volé a la altura de mis más descarados sueños. Pero en tiempos de zozobra económica y descalabro social no existe vuelo sin turbulencias. Y hete aquí que, meses después, di con la húmeda tierra: me encontré a mi misma vestida de esquimal sugerente repartiendo regalos a ejecutivos frente a una escultura de hielo (un iceberg).

Aquella experiencia fue un golpe de efecto para mí. No podría describirla como dura -de hecho fue divertida e interesante, no pretendo hacer de este relato un drama- pero sí como un baño de realidad. Decía una compañera mía de El Mundo, Lucía Méndez, aquél esperpéntico 11 del 11 del 2011 que “el mundo se acabó en 2008” y, en cierto sentido, tenía razón. El engendro de la crisis ya apuntaba maneras entonces y había empezado punzar las paredes de la irisada burbuja en la que flotábamos, risueños e ingenuos.

Cuando el sueño se hizo pedazos, los jóvenes hijos de la democracia y el estado del Bienestar (el fin de la Historia, que decían) nos dimos contra el suelo de bruces y empezamos a vagar por la rocosa tierra confusos, como patos mareados. La mayoría no dábamos un duro por la política, ni falta que hacía: todo iba como la seda y así iba a seguir -no conocíamos otra cosa-. La lógica de las cosas decía que nuestro deber en la sociedad no era otro más que estudiar una carrera y enganchar un buen trabajo. Un sueldo mileurista (¡dónde quedó aquello ahora!), una hipoteca a pagar hasta los restos y unas copitas el fin de semana con los amigos. La fórmula de la felicidad estaba escrita y era tan fácil de seguir que incluso nos dimos el lujo de permitirnos seguir viviendo como adolescentes a los 26, a los 28, a los 30… En tiempos del ‘carpe diem‘ la responsabilidad era, simplemente, un aburrimiento.

Nuestra generación está en estado de shock -me decía yo para mis adentros mientras invitaba a varios ejecutivos a tocar el iceberg a mis espaldas. Nos han quitado la alfombra roja, y no sabemos por dónde seguir caminando. Encadenamos una carrera tras otra, estudiamos un máster, nos vamos al extranjero a “aprender inglés” y clamamos al cielo porque todo eso no nos sirve para nada. Mandamos un puñado de CV (¡por e-mail!) y refunfuñamos porque las empresas no nos contestan. No sabemos movernos. Lógico, no teníamos la necesidad de hacerlo. Hemos vivido entre algodones y nos los han sustituido por estropajos sin miramientos.

Enfundada en mi traje de terciopelo con capucha y pompones, a lo ‘Mamá Noel’, me di cuenta de que el hecho de que hubiese aceptado ponerme aquél disfraz tan alegremente y mi insospechada capacidad para aprender de aquella experiencia era una prueba de que había empezado a adaptarme a los nuevos tiempos. A los chicos de los ochenta nos están obligando a madurar a marchas forzadas. Fuimos la generación pasota, los del botellón y las ‘maquinitas’. Fuimos, a nuestro modo, unos ‘burguesitos’. Pero nuestro tiempo nos ha puesto una pistola en la cabeza y nos ha pedido que reaccionemos. Primero, bajando a la realidad y convirtiéndonos en supervivientes. Y después, tomando por fin las riendas de la época de la que somos legítimos protagonistas.

 

 

Comments
11 Responses to “La generación de la ‘alfombra roja’ toca tierra”
  1. Jenn dice:

    Hola!

    De una nacida en 1986 a otra, un post muy bueno. Realista pero en el fondo esperanzador, aunque no sabría explicar muy bien por qué, pero así lo siento.

    Dicen que todas las generaciones tienen que vivir su “revolución”, pues bien, ha llegado nuestra hora.

    Volveré😉

  2. Pepe dice:

    A madurar te estarán obligando a ti.

    La alfombra roja muchos no la han visto en su puta vida. Y están igual de mal.

    • Menos rencores. Siempre va a haber personas que tengan que luchar más que el resto por salir adelante. Me he limitado a señalar que, hasta hace poco, ese número era -bastante- menor que en otras épocas. El auge de la clase media en las últimas décadas es un hecho, no me lo he sacado de la manga.

  3. Julio dice:

    El que tienes ganas de currar, capacidad de esfuerzo y sacrificio tiene mil opciones para buscarse la vida. Tengo 34 años, soy de clase media, mis colega son de clase media, no tengo ni uno solo que esté lloriqueando de brazos cruzados quejándose de los políticos o de la suerte, todos han sabido buscarse la vida y a la mayoría les va bastante bien. Ninguno nada en la abundancia, pero tienen una vida feliz y sin excesivas preocupaciones.

    No sé qué os pasa a los que habéis venido detrás (a la mayoría), demasiado Gran Hermano intravenoso, o yo que sé, pero tienes razón. La mayoría cree que sacar una carrera te da derecho a un trabajo, y además bueno. Sin más. Como si después del cole viniera el instituto, después del instituto la universidad y después de la universidad el trabajo bueno. Automático. No hay papel que te garantice nada si no hay ganas y esfuerzo.

    Yo no saqué una carrera, pero me especialicé en algo. Dediqué muchos años a aprender por mi cuenta con una dedicación extraordinaria y un sacrificio tremendo. Ahora no es que me falte trabajo. Es que me sobra.

    Mi novia sí sacó una carrera, e hizo un master. Y mientras hacía el master trabajó gratis muchos meses. Ella misma se ofreció. Quería aprender. Se formó, mucho y bien. Entró a trabajar en un organismo público con un contrato temporal. Trabajó y mucho, y mientras trabajaba, por las tardes, hacía un doctorado y después siguió estudiando. Sacó una plaza muy dura de funcionara al mismo tiempo que trabajaba. Pero, después, ¿Se cruzó de brazos? No. Ahora por las tardes se sigue formándo, da charlas y cursos.

    Sacrificio, tener interés en las cosas, tener inquietudes. Eso sí te garantiza un trabajo. Porque te aseguro una cosa. Ya se puede ir el país a la mierda, que te aseguro que nos buscaremos la vida en otro.

    Nos podremos quejar más o menos de los políticos, o de esto o de aquello, pero no puedes hacer utilizar lo externo de excusa para absolutamente todo. De hecho, si algo he aprendido en esta vida, es que los que más se quejan suelen ser los que menos hacen por arreglar las cosas.

    En Europa somos unos jodidos privilegiados. Seguridad, sanidad gratuita, educación gratuita, ¿Y nos quejamos si nos va mal? Esta generación ha tenido de todo lo necesario para hacer grandes cosas y la mayoría lo ha tirado a la puta basura.

    • Julio, perdona el retraso en contestar. Me ha encantado tu comentario, tienes mucha razón. De hecho, se lo he enviado a varios de mis amigos en FB y lo he releído varias veces. Creo que pecas -como yo misma- de ser un poco generalizador: en mi generación hay gente que ha trabajado muy duro. Otros -la verdad sea dicha- hemos vivido comodamente, pero nos estamos adaptando a los nuevos tiempos y lo hacemos lo mejor que podemos. Un beso, enhorabuena, y muchas gracias por compartir tu experiencia. Me ha llegado ; )

  4. Estes dice:

    Primero.

    Felicidades a Suzanne por el fantástico artículo y por su labor como periodista,… el esfuerzo y la dedicación tendrán algo de recompensa, el estado de shock sólo supone un impás del que se puede salir con fuerza.

    Segundo.

    Creo en el espíritu de sacrificio… como gran parte de la gente de mi generación (1 de mayo de 1986).
    La gerra de generaciones es tan inutil como surperflua… sinceramente creo que este comentario se derrumba en numerosos puntos.
    Aquí la culpa de la situación la tenemos todos, y esta nuestra generación ha sido la del despertar de las conciencias, el shock ha causado el fin de la sommnolencia inducida por la sociedad de consumo.

    Tercero

    La generación perdida es la que se situa exactamente entre la de nuestros padres y la nuestra, es esa generación, la que no han sabido valorar todo aquello por lo que lucharon y lo que le dejaron.

    Y ellos han sido los que han perdido lo que ahora tras el despertar nosotros debemos recuperar.

    Cuarto

    Claro que Europa somos privilegiados, y por eso, somos nosotros los que dejados a la deriva en un cambio de paradigama político, artistico y social; no solo queremos luchar por nuestros derechos, luchados durante siglos, sino que además queremos una reorganización mas igualitaria a nivel global.

    continuaré …

    • Estes, gracias por tu apoyo, se agradece más de lo que te imaginas : ) Hemos nacido casi el mismo día (yo soy del 7 de mayo del 86) y, como tú, coincido en que tras el ‘despertar’ -cada día que pasa me reafirmo en que, al menos para una parte de nosotros, aquél mes de mayo lo supuso- hay mucho por lo que trabajar. Personalmente creo que es nuestra responsabilidad ejercer esa labor de cambio desde nuestros respectivos ámbitos de influencia (el mío, por ejemplo, el periodismo). Un beso. Espero esa ‘continuación’ impaciente.

  5. QuietBrown dice:

    Muy bueno, Susana, estoy de acuerdo contigo en varios puntos: la alfombra roja, la ausencia de responsabilidades… No creo que viviéramos entre algodones, porque muchos no vieron el colchón bajo sus pies, estresados en formarse cada vez mejor. Uno de los mayores dramas de nuestra generación es ése: haberte formado para ¿nada? No me arriesgo a un comentario más largo a estas horas, pero me ha gustado el texto. Ahora, tanto como llamarnos “supervivientes”… No llegamos a sufrir como para sobrevivr, a mi modo de verlo =)

    • De acuerdo contigo en que el termino ‘supervivientes’ puede sonar excesivo. La idea, simplemente, es que las cosas han dejado de venirnos rodadas. Antes caían en nuestro camino como por una especie de inercia: instituto – > carrera -> trabajo. Esa lógica natural se ha roto. conquistar cada una de esas fases implica ahora un esfuerzo que antes no teníamos que hacer. El discurso de “tengo mi licenciatura, ahora tengo DERECHO a mi trabajo” ha dejado de ser valido, como apuntó Julio más arriba. Ahora hay que hacer un esfuerzo extra.

  6. Esquetequejasdevicio dice:

    Decid que sí, que tenemos que vivir como en la posguerra… Y satisfechos eh, que si nos va mal es culpa nuestra por vagos y maleantes. A currar al Mercadona con nuestros doctorados y una sonrisa, ya que el señor empresario ha tenido a bien darnos un puesto de trabajo ofreciendo muestras gratuitas de queso. Por no decir la sanidad gratuita, ¡Más gente se tendría que morir de escorbuto!

    Madre de Dios, con gente así por El Mundo (en mayúsculas y sin ellas), no me extraña que el país esté como está.

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