Unidos en la indignación, rivales en la acción

Unidos en la indignación, rivales en la acción

Hace unos días un tuitero me preguntó algo que me descolocó. Me dijo: “Susana, con la que te está cayendo, ¿vas a salir el 12-M? Los dedos se me atoraron ante la franqueza de la pregunta y me vi obligada a dejar de teclear frenéticamente en la Blackberry antes de contestarle. ¿Iba a hacerlo? Mi ‘ruptura’ sentimental con el 15-M era un secreto a voces y así lo había reflejado yo misma en mi último artículo. Mi idilio con el movimiento me había dejado varias cicatrices y el sólo sonido de las siglas ’15-M’ o ‘DRY’ avivaba el escozor: desencanto, rabia, rechazo. ¿Por qué iba yo a volver a meterme en aquella cama acudiendo al llamado de un movimiento que no sólo no me quería, sino que además me había decepcionado? Encontré la respuesta en una evidencia muy simple: la indignación no es patrimonio de nadie, tampoco del 15-M. Y yo -eso lo tenía claro- seguía siendo una indignada. 

(…) Descubrir que quienes ‘despertamos’ juntos e iniciamos el camino al exterior de la caverna en grupo no podemos ir siempre de la mano ha sido un shock (…)

Si en la maraña de acontecimientos que siguieron al 15 de mayo de 2011 hay una verdad absoluta, esa es que la indignación no hecho más que crecer en este país. El año pasado muchos miramos con cierta suspicacia aquello de “exigimos una democracia real” (¿pero cómo real? ¡Ni que viviéramos en la época de Franco! ¿Qué tonterías estaban diciendo?) Este año llegamos a la cita con la primavera vestidos de ardiente consciencia política: estamos saliendo de esa caverna de Platón en la que vivíamos encadenados y confundíamos las sombras proyectadas en una pared con la realidad. Nos sabemos estafados, nos sabemos mentidos y sabemos nuestros derechos pisoteados. El proceso está siendo traumático: la tierra que pisamos ya no es firme, nuestro mundo entero, la plácida ‘verdad’ que conocemos desde nuestro nacimiento, es una nebulosa irreal. Algunos apreciamos esa textura incluso en la propia mano que hace un año emergió inesperadamente entre las sombras para despertarnos. El 15-M al que nos aferramos y del que nos enamoramos tampoco es ‘real’.

Descubrir que quienes ‘despertamos’ juntos e iniciamos el camino al exterior de la caverna en grupo no podemos ir siempre de la mano ha sido un shock del que personalmente aún me estoy recuperando. Y, sin embargo, creo que esta crisis -pese a lo doloroso- es un ejercicio de realismo y un avance. Podemos y debemos estar juntos en las calles. Ninguna diferencia podrá cambiar nunca el hecho de que unos y otros seguimos estando indignados: seguimos siendo ‘los de abajo’ y necesitamos movernos apiñados para hacer caer a los de arriba. Pero seremos rivales políticos fuera de las plazas. Mucho hemos hablado del 99%, pero un año después es evidente que esa indignación genuina es lo único en lo que todos estamos de acuerdo. No compartimos una única visión sobre la sociedad más justa que queremos (gracias a Dios, el ‘pensamiento único’ nunca es una buena noticia). Ni mucho menos sobre cómo queremos recorrer ese camino hacia el exterior de la caverna. Unos creemos que es mejor cambiar el sistema desde dentro del sistema, los otros no; unos hablan de ‘revolución’ aquí y ahora, otros arguimos que la única ‘revolución’ posible pasa por un reformismo previo necesario para allanar el terreno; unos justifican cierto grado de violencia en la ‘lucha’, otros la descartamos de pleno.

Al hilo de esta polémica un miembro de DRY, Olmo Gálvez, me dijo ayer una frase que se me quedó marcada: “todo esto se arreglaría si ‘un señor de bigote’ viniese a poner orden y no queremos eso, ¿no?”. No le falta razón. La discrepancia es natural y, en definitiva, democrática. Ahora que hemos despertado de nuestro propio sueño y el cisma ya es una realidad, sigamos juntos en lo que nos une: en las plazas, en la indignación. Y separemonos en la acción.

Comments
3 Responses to “Unidos en la indignación, rivales en la acción”
  1. JaviDiplo dice:

    Hola Susana, como en tus últimos artículos te adentras mucho en lo personal, permíteme que use la metáfora de una ruptura sentimental.
    Tras un grave desengaño amoroso es inevitable aborrecer a la mitad de la especie humana culpando de nuestro dolor a todo un género, pero cuando nos serenamos somos capaces de ver que el traidor o quien nos defraudó es solo uno entre los miles de peces que hay en el río.
    Así, tu amor con el 15M no es imposible ni se ha roto para siempre (salvo que tú lo quieras), sencillamente has dado con un cabrón (o por lo menos con alguien que “no te convenía” como dicen las madres), que tratándose de un movimiento de masas no es una persona sino todo un sector. ¿Pero no has conocido a gente maravillosa por el camino, vivido experiencias inolvidables, creído con fuerza en lo que hacías?
    Solo te falta superar el luto de la ruptura, la fase de “en la vida vuelvo yo a…”. Una parte del 15M te ha maltratado (también se ha sentido traicionada por ti, como ocurre con toda ruptura), pero otra te siente muy suya y te muestra su apoyo. ¿Por qué concederle la victoria al otro reconociéndole su posesión de unas siglas sin dueño? El 15M somos todos, también aquellos de los que nos separa la acción aunque nos una la indignación, pero no olvides a los muchísimos a los que también te une la acción.
    Me gusta este artículo porque es un intento de recomponer los pedazos, y lo que trato de decirte es que esto no se ha hecho añicos, que los trozos en los que se ha roto son más grandes de lo que parece a primera vista, que cuando seas capaz de volver a mirar adelante te resultará sencillo pegarlos.
    La política es para quien está dispuesto a meterse en el barro porque la política ha de ser posibilista, el 15M ha empezado a comprenderlo y a saltar dentro del cenagal. Que haya empezado a hacerlo es muy desagradable, como el barro mismo, pero es un gran paso adelante.
    Perdona por tomarme la confianza de hablarte en este tono,e spero que me valga como excusa que estás muy “autobiográfica”. Un saludo.

  2. asaldanam dice:

    Era algo previsible.

    La jerarquía horizontal jamás es respetada por los de palabra poderosa, pero aun menos por los de débil carácter. El cáncer del 15-M fue la cantidad de gente que a pesar de sentirse incómoda, no tenía una idea clara de qué quería conseguir y dejó su indignación en manos de los líderes que poco a poco empezaban asomar sus cabezas entre esa presunta jerarquía horizontal.

    En mi opinión fue un error para el 15-M intentar hacer cambios políticos, y menos constituyéndose como institución(es) rivalizadas. Cuando juegas con las mismas reglas que los de arriba, no hay posibilidad de ganar, sino que se lo pregunten a la ingente cantidad de partidos minoritarios que ni tienen ni aspiran a escaños por culpa de fórmulas electorales pseudo-fascista como el sistema D’hont que roza la alternancia de turnos pactada.

    El movimiento 15-M tiene que retornar a sus orígenes: promover el pensamiento crítico y la preocupación por los intereses comunes. La historia nos ha demostrado que el único cambio posible en una sociedad es la presión de la masa, y con la masa no me refiero a Sol hasta arriba, me refiero a los más de 40 millones de ciudadanos de este país.

    Pero paciencia, solo hay dos posibilidades, si la situación sigue empeorando la respuesta social será mayor, eso no cabe duda, queda claro que el ciudadano no hace apología de sus derechos hasta que no se ve privado de ello, ¿Qué pasaría si entráramos en un default económico? ¿Y si la gente de a pie, la clase media, no tuviéramos qué echarnos a la boca?. Espero que no llegue a suceder esto nunca, pero de llegar, el 15-M demuestra que la respuesta sería contundente y nada agradable para los mandatarios de este país.

    No hay que desenamorarse del 15-M, porque el 15-M no es cuatro organizaciones que han tomado prestado el nombre, el 15-M es el amor al nuestro pueblo y nuestros derechos.

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